Nadia ya no podía esperar más para ponerse el sostén que le regaló Luna. Corrió rápidamente al baño para cambiarse y cuando se vio en el espejo, sintió que su cara le ardía.
—¿Qué es esto? ¿Por qué Luna me envió esta ropa? Bueno, al fin y al cabo, solo es la parte de abajo, la verdad, nadie va a ver nada …
Después de ponérselo, se miró asombrada una y otra vez en el espejo. La sonrisa radiante en su rostro mostraba lo mucho que le gustaba.
De pronto, su teléfono en el lavamanos empezó a vibrar.