Emma acababa de alimentar al niño, quien parecía estar ya lleno, acurrucado muy cómodo en los brazos de Luna con los ojos entrecerrados.
Al ver que el pequeño se estaba quedando dormido, Luna sacó de su bolso una tarjeta de compras que Andrés le había dado tiempo atrás, pero que rara vez utilizaba, y se la entregó a Nadia, diciéndole:
—Andrés me la dio, pero casi no la uso, ya tú le darás mejor uso.
Nadia hizo un ligero gesto para rechazarla:
—De veras, no la necesito. De hecho, la razón por la