—Carlota, Hugo, ¿volvieron a causar problemas?
De repente, se acercó un hombre gordito de mediana edad con chanclas en los pies, sosteniendo un palo en la mano. Se paró frente a Luna y la examinó, luego le preguntó preocupado:
—Hija, ¿ellos te han intimidado? Luna negó con la cabeza:
—No.
Carlota respiró con gran desdén.
El hombre parecía conocer a Luna y continuó preguntando:
—¿Eres la señorita que vino de una gran ciudad a buscar a Liora, cierto? ¿Cómo te llamas?
—Luna García —respondió Luna