Luna invitó a Nadia a cenar juntas en el cuarto del hospital. Ella sólo podía tomar un poco de sopa ligera, mientras que Nadia devoraba ansiosa los otros platillos con gran apetito.
—¡Luna, la comida que prepara tu nana está realmente sabrosa! —exclamó mientras comía.
—Si te gusta tanto, come un poco más. Si no es suficiente, le pido a Emma que te prepare unos platitos más —Luna sonrió con agrado.
En ese momento, Emma volvió a entrar y le preguntó:
—Señorita, ¿debo guardar la comida del señor?
L