Los pensamientos interminables luchaban con frenesí en su mente, y Luna, soportando con gran dolor esta agonía, finalmente... no pudo hacer nada.
Luna dejó el cuchillo que tenía en la mano, se recostó de vuelta, dándole la espalda, pero aún había cierta insatisfacción en lo profundo de su corazón.
No pasó mucho tiempo antes de que Andrés se acercara de nuevo, abrazándola con delicadeza por detrás y llevándola con ternura hacia sí, ajustando ligeramente su posición, pero sin moverse más.
Hasta q