Ahora, toda la paciencia de Andrés se había concentrado solamente en Luna.
Él salió en ese momento del cuarto y vio a una joven escondida furtivamente detrás de la esquina. Con una mirada fría, la figura de Nadia se escabulló con gran agilidad, tal cual ladroncilla.
Después de un largo rato, ella asomó la cabeza para ver al hombre que ya se había ido. Nadia se acercó con cautela, y esta vez el guardaespaldas no la detuvo.
Pero al ver al guardaespaldas en la puerta, ella aún se sentía muy inqui