Ana se quedó perpleja y parpadeó fingiendo inocencia.
—¿Me busca? ¿Y eso como Para qué?
—Lo sabrá muy pronto, señora —contestó rápidamente Álvaro.
En la habitación de descanso, en solo veinte minutos, alguien ya le había enviado toda la información necesaria sobre Ana.
Cuando ella entró vio a un hombre vestido totalmente de negro sentado muy cómodo en el sofá. El hombre, que emanaba un aura de atractivo prohibido, estaba inclinado delicadamente revisando unos documentos. Al verle, Ana no sabía a