Luna sentía un dolor agudo en el pecho y tenía la sensación de tener la garganta llena de sangre, sin poder articular una sola palabra. ¿No se suponía que su padre regresaría en unos cuantos días? ¿Por qué había llegado justo ahora? Parecía que Leonardo la había ayudado a ocultar su enfermedad. Quería levantarse, pero no tenía la suficiente fuerza para hacerlo. Emma, la habladora, estaba a su lado, lo que le recordaba muchísimo a Nadia, quien también no dejaba de hablar…
—Los sangrados nasales s