Sin prestarle más atención a la expresión sombría del hombre, Luna se alejó corriendo. En realidad, nadie más que ella sería capaz de enfadarlo tanto. En ese momento irritado, Andrés entró a la casa y arrojó las llaves del coche en la entrada, luego se sentó preocupado en el sofá. Encendió un cigarrillo y llamó para que vinieran de la concesionaria a recoger el coche y repararlo. Emma había seguido a Luna hasta arriba al ver la expresión sombría de Andrés.
Luna abrió al instante el correo elec