El mayordomo golpeó apresuradamente la puerta de Abigaíl:
—¡Señora, señora! ¡Ha ocurrido algo malo! ¡Por favor, levántese de inmediato y venga a ver!
Sin saber qué había sucedido, Abigaíl se puso rápidamente una chaqueta y se levantó de la cama, siguiendo al mayordomo hasta el patio. Al ver a la persona en el ataúd, mostró una mirada llena de ira y resentimiento total en sus ojos:
—¡Andrés Martínez! ¡Definitivamente, te has pasado de la raya con esto!
Dafne había muerto hace varios días y el ata