Su silencio parecía confirmar algo.
Luna agarró con fuerza la almohada que tenía a su lado y la lanzó hacia su rostro, exclamando:
—Eres un maldito pervertido. ¡Sin vergüenza!
Andrés recogió cuidadosamente la almohada del suelo sin prestarle atención, la sacudió un poco para quitar el polvo y la colocó de nuevo detrás de ella.
—El médico te recomendó que no te alteraras demasiado emocionalmente.
—Jefe, aquí tiene la sopa que pidió —dijo muy cortés Álvaro al entrar en la habitación y tartamudeó —