—Claro que no. Sé que te preocupas por mi vida. ¿Cómo es posible que me sienta molesta? —respondió Luna.
Andrés notó que Luna llevaba un abrigo grande. No parecía ser su ropa. Más bien, parecía ser un abrigo de hombre.
—¿Hoy no llevas el uniforme escolar?
Luna bajó la mirada y también se dio cuenta del problema. Respondió ansiosamente:
—Sí, pero los botones del uniforme están rotos. Este abrigo es de un amigo mío. Tendré que devolverlo mañana.
—¿Un… amigo?
—Sí —asintió Luna sin mentirle.
Andrés