Luna colocó el vaso de agua en la mesita de noche y le dijo:
—Ya sea que yo esté a tu lado o no, debes cuidarte muy bien. Tu cuerpo te pertenece a ti mismo.
Ella quería retirar con delicadeza la mano, pero Gabriel la agarró con más fuerza y preguntó:
—Dijiste que me darías tiempo para pensarlo. Aún cuentan esas valiosas palabras, ¿verdad?
Luna mostró una sonrisa amarga y respondió:
—Si quieres que vuelva, volveré.
En realidad, entre ellos, la relación nunca sería una equilibrada. Ella siempre se