En la habitación del hospital, otro vaso de vidrio voló con un sonido violento, acompañado de una voz iracunda:
—¿No tienes suficiente, Luna?
Justo antes de que otro vaso la golpeara, alguien agarró a Luna y la arrastró hacia abajo. Al ver a Andrés a su lado, exclamó sorprendida:
—Hermano, ¿qué estás haciendo en el hospital?
Andrés la observó de arriba abajo y preguntó:
—¿Estás bien?
—Estoy bien.
Sergio no era capaz de hacerle daño.
—¿Hermano, estás enfermo?
—No, no es nada, solo tengo un poco d