Era una noche destinada a ser una noche sin sueños. La brisa nocturna movía las pesadas cortinas mientras Luna salía del baño, secándose el cabello. Se acercó a la mesita de noche, intentando cargar su teléfono celular que se había roto al caer. La pantalla ya tenía una grieta. Durante el día, todavía podía funcionar normalmente, pero ahora no funcionaba tan bien al momento de cargar.
De repente, apareció una llamada entrante de un número que le resultaba muy familiar, lo que hizo que su corazó