Gabriel probó un pequeño bocado:
—Muy delicioso.
Todo esto era solo para que lo viera Miguel; la mayor parte del tiempo en la casa de los Sánchez, Gabriel se comportaba de esa manera con ella.
—Antes en casa, nunca te vi tan amable conmigo. ¿Por qué te comportas tan bien hoy? —Gabriel habló, y sus ojos que la miraban eran como rápidos remolinos en lo profundo del mar, capaces de atraer a las personas.
Para los demás, esa mirada no era inocente.
La casa a la que se refería Gabriel era naturalment