Gabriel tomó un pequeño sorbo de su café. La manga arremangada reveló su tatuaje. Cuando movía el brazo, las venas prominentes y enroscadas le daban un ambiente misterioso y algo atractivo. Preguntó a Adolfo:
—Adolfo, ¿tienes algo que decirme?
—Sí, se trata de la abuela… —respondió Adolfo muy respetuosamente, mientras desviaba la mirada hacia Luna, titubeante.
Gabriel ordenó:
—Adelante.
Estos días, Adolfo estaba muy ocupado con los asuntos en la mansión principal debido a que el mayordomo se tom