Después de la lección aprendida la última vez, Luna regresó a casa a las ocho en punto. De paso, fue al hospital, se le quitaron los puntos, la herida sanaba, y ya tenía una cicatriz evidente que ya se había sanado; no se abriría con facilidad si no se aplicaba demasiada presión.
Casa de los Sánchez.
En la biblioteca, se sentía una presión invisible. Gabriel estaba sentado frente al escritorio, esperando a que terminara la videoconferencia antes de levantar la mirada hacia la persona que se enco