Una hora y media después, Sergio movió ligeramente el pie y dijo:
—Oye, despierta. Vámonos.
Ella había tenido un sueño muy profundo y reparador. Al abrir los ojos, Sergio ya se había terminado de colocar el suero y estaba presionando levemente la herida del pinchazo.
Miró su teléfono y vio que ya era la una de la madrugada. Estornudó y preguntó:
—¿Has aprendido de memoria todos los apuntes?
Sergio se quedó sin palabras y le respondió:
—¿A estas alturas, piensas repasar los estudios conmigo? Disc