Cuando Luna despertó, ya había llegado el fin de semana. Se sentía como si hubiera experimentado una total catástrofe, con su pijama empapada de sudor y su cuerpo ardiendo como una hoguera.
Emma entró a su habitación para servirle un tazón de sopa. Aun respirando con dificultad, porque a su edad, subir al quinto piso no era una tarea nada fácil. Vio que Luna había despertado y estaba sentada en la cama, sumida en sus pensamientos con la mirada perdida. Ni siquiera se dio cuenta de la presencia d