Además, necesitaba ingresar a la universidad. Debía ser aceptada en la Universidad de Astraluna por su propio mérito. Aunque no podría ir a la Ciudad Boscosa, ni cambiar el resultado de su destino, esta vez ya no quería dejar pasar más las oportunidades que le pertenecían en su propia vida, como lo había hecho antes.
Cuando subió al coche, le dijo a Paco que necesitaba ir al hospital, pero no esperaba que este la llevara al Hospital Serenidad.
—Hemos llegado, señorita —dijo Paco.
—Está bien.
Lu