Luna sacudió la cabeza en silencio.
Noah fue el primero en hablar:
—Faltan diez minutos para la hora de comer. Puedo invitarte a almorzar, señorita García.
Luna no había comido nada desde que salió de casa, y ya tenía bastante hambre cuando llegó.
—No tengo mucha hambre. —dijo Luna, pero justo cuando terminó de hablar, su estómago gruñó.
Luna se sonrojó.
Noah sonrió y dijo:
—Vamos, pequeña, hoy hay nuevos postres, creo que te gustarán.
El caddie de golf ya había recogido los palos de golf.
—Ento