Casi que se estaba ahogando en tan tremenda tristeza, que mejor preferiría morir de inmediato. Sabía que en su vida pasada había sido demasiado tonta para comprender los pensamientos de Andrés. Sin embargo, ahora, cada vez que reflexionaba sobre las posibilidades, su corazón sufría una herida que nunca sanaría.
Ya sus lágrimas eran incontrolables, se esforzaba por no llorar en voz alta por el dolor. Se secó las lágrimas una vez más y respondió sin ninguna expresión:
—No, nada. Es que se me meti