Los ojos repentinamente tristes del omega volvieron a relucir con su esplendoroso brillo, y acercándose a Leonidas , lo besó con cariño. Muchos besos divertidos que terminaron en una cascada de risas.
Abrazándolo nuevamente y volviendo a su posición inicial, Leonidas trazó la delicada y suave piel de Ryle con sus dedos, y cuando el ambiente comenzó a relajarse mucho más, suspiró lleno de alivio. Quería disfrutar por completo aquella noche junto a su chico, y por supuesto, pensar en Miguel esta