Los nervios del ojimiel de inmediato se dispararon, y notando repentinamente que tendría que ingeniarse una disculpa mejor, mordió el interior de su labio. Demasiado adorable, hasta para el mismísimo Miguel.
— Sé que fui una persona horrible, pero es que— cielos — cerrando un ojo, miró el rostro ante el suyo. La pronta penumbra del crepúsculo haciéndolo ver deslumbrante, y la cabeza del omega trabajando en una respuesta estupenda. ¡No podría simplemente quedarse mudo!— . Yo tenía que encontrar