Lis abrió los ojos lentamente y, al intentar llevarse la mano a la cabeza, pues sentía un dolor intenso, se dio cuenta de que estaba atada. Tiró del brazo varias veces, intentando liberarse de las amarras, pero era imposible. Miró asustada sus manos, viendo que estaba atada a la cabecera de la cama. Se debatió intentando soltarse y notó que sus pies también estaban atados en la parte inferior de la cama. Miró asustada y gritó pidiendo ayuda, pero solo logró atraer la atención de Samuel, que ent