Acácia sonríe, extasiada por la gran noticia. No esperaba que, de repente, Jack pudiera caerle en bandeja. Fue la mejor noticia que recibió en todo el día. Al colgar la llamada, desde el mismo móvil, vuelve a contactar a sus secuaces, que ya estaban vigilando a los niños que ella les había indicado.
—¿En qué ciudad están? ¿En Manhattan? Perfecto, maravilloso. Cambio de planes: no quiero que se ocupen de los mocosos. Ahora tengo una prioridad máxima para que podamos acabar con esto hoy mismo.
—¿