La tensión en la sala era evidente. Adelia apretó los labios, su mirada oscilando entre Dimitri y Denis, como si su mente trabajara a toda velocidad para encontrar una forma de retomar el control.
—Eso no estaba en los planes —musitó, intentando mantener la compostura.
Dimitri la miró con frialdad antes de responder:
—El problema, Adelia, es que aquí no se trata de lo que estaba en los planes. Kate es mi esposa y, como tal, tiene tanto derecho a estar aquí como cualquiera de nosotros.
Denis son