POV Elías
El termómetro digital marca 38.2 grados.
Mara está sentada en el borde de la bañera, envuelta en una toalla blanca, temblando como si estuviéramos en el Polo Norte y no en un ático con climatización por suelo radiante a veintidós grados constantes.
Tiene las mejillas encendidas de fiebre y los ojos vidriosos. Pero lo que me preocupa es su pecho. Está duro como la piedra, hinchado, veteado de azul.
—Me duele... —gime, llevándose las manos al pecho pero sin atreverse a tocarse—. Siento