POV Mara
El llanto de un recién nacido a las cuatro de la madrugada en un ático de techos de tres metros de altura tiene una resonancia catedralicia.
Me despierto sobresaltada, con el corazón golpeándome las costillas y los pechos doliendo como si estuvieran llenos de piedras calientes. La subida de la leche. Ha llegado.
—Ya voy, ya voy... —mascullo, intentando incorporarme en la cama gigante de Elías.
Pero antes de que pueda mover mis piernas (que siguen pesadas y torpes), una sombra se mueve