Nadie se lo esperaba; la crueldad de Cobras era inimaginable.
Sin más ni más, se puso violento, y encima con un noble venido de la capital del estado.
¡Así era el temible Sr. Cobras!
—¿Te atreves a golpearme?
Francisco se tocó la cara ardiente, casi sin creer lo que había sucedido.
¿Un matón de un pequeño pueblo osaba golpearlo?
¡Él era el joven maestro de la familia Esparza!
—¿Por qué no te golpearía? ¿Vienes a hacer alarde en mi territorio y crees que no deberías ser golpeado?
Cobras respon