—No puedo creer que Rosario sea la mujer del Sr. Cobras, no es de extrañar que nadie se atreva a armar un escándalo aquí.
—No es que nadie se atreva, es que los que lo han intentado ya están muertos. Hace un tiempo, un multimillonario intentó coquetear con Rosario aquí y el Sr. Cobras le cortó las manos y los pies en el acto. Después de eso, el hombre no se atrevió a decir una palabra y hasta fue personalmente a pedir disculpas.
—¡Joder! ¿Tan despiadado?
—Claro, el Sr. Cobras es el cacique del s