Un proyectil de energía, más grande y más rápido, fue lanzado repentinamente hacia el pecho de Pedro.
Pedro, con los pies firmemente plantados, de repente se inclinó hacia atrás, doblando su cuerpo en arco.
Al mismo tiempo, un segundo proyectil de energía rozó la punta de su nariz y luego golpeó aquel gran árbol.
Pedro, con una palma golpeando ligeramente el suelo, se puso de pie firmemente, sin un rasguño.
Viendo esto, Mariano no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño.
Pensó que sería fácil te