En el escenario, Mariano sonreía.
Abajo, la multitud también se reía.
Una simple frase de Pedro se había convertido en la burla de toda la asamblea.
A los ojos de todos, era cuestionable si Pedro podría siquiera resistir tres golpes de Mariano, y aún así se atrevía a hablar imprudentemente de derrotarle, parecía un chiste.
—¿De qué se ríen? ¿Es realmente tan gracioso? —preguntó Pedro con un tono tranquilo.
Esa expresión indiferente, como si no le importaran los comentarios del público.
—¿Tú qué