—¿Qué?
Mirando a Pedro, quien parecía muy tranquilo, el hombre de cara redonda se quedó atónito.
Conocía bien la tenacidad y poder del látigo. Hombres hechos y derechos no podían soportar diez azotes, pero este joven recibió una ronda completa y no solo salió ileso, sino que además rompió tres partes del látigo.
Era realmente extraño.
—¡Joven! ¿Qué truco has usado? —gritó el hombre de cara redonda.
—Si vas a golpear, entonces golpea. ¿De dónde viene tanto parloteo?
Pedro bostezó.
Este acto de de