—¡Pedro! Ya liberamos a la persona que querías, ¡ahora te toca a ti! —Javier contenía su ira al decirlo.
¿Si no temiera que él hiriese a su hijo, cómo podría soportar tanta humillación?
—¿Quién dijo que iba a liberar a alguien? —Pedro no tenía ninguna intención de detenerse. —Has secuestrado a la Srta. Estrella, herido a la familia Flores, ¿crees que esto acaba aquí?
—¡Pedro, te advierto que no te pases de la raya! —La cara de Javier se puso sombría—. Estás en el territorio de la familia Díaz. ¿