—¡Ah!
Un instante después de quedarse atónito, Ramiro soltó un grito espeluznante.
El alarido resonó como si estuvieran sacrificando a un cerdo.
—¡Bastardo! ¡¿Te atreves?!
Al verlo, Javier se llenó de ira instantáneamente, mostrando los dientes en un rictus de enojo.
Nunca imaginó que Pedro se atrevería a cortarle un brazo a su hijo en frente de todos.
Era un insulto intolerable.
—¡Tú, tú tienes mucho valor! ¿Cómo te atreves a dañar a Ramiro?
Enrique abrió los ojos desorbitados, sorprendido y en