—Papá, ¿qué hago? ¡Estoy arruinado, ya soy un inválido!
Ramiro yacía en la cama, lamentándose sin cesar.
Si hubiera sido una simple herida, no sería así.
El problema era que su abdomen había sido destrozado, su habilidad completamente perdida, y su futuro, también completamente anulado.
—Hijo, no te alarmes. Inmediatamente enviaré a alguien a buscar al médico más competente. No importa cuánto dinero tengamos que gastar, no importa qué precio debamos pagar, ¡te curarás! —Javier aseguró al i