Viendo a Adolfo con los ojos llenos de lágrimas rojas, Pedro no pudo evitar sentir algo de compasión.
Haber sido usado por su propio maestro era suficiente; encima, le habían robado a su prometida.
Era realmente desolador.
El odio por haberle quitado su esposa era insufrible.
Cualquier persona encontraría inaceptable un evento como este.
¿Quién podría haber imaginado que el líder de la Puerta de Basalto sería alguien tan despiadado?
—Deberías curarte. Una vez que te hayas recuperado, reclama lo