—¿Qué?
Los ojos de Adolfo se estrecharon.
No había esperado que Pedro pudiera atrapar su espada con los dedos.
Esta demostración de fuerza y confianza superaba ampliamente sus estimaciones.
Por supuesto, no estaba asustado; al contrario, su ánimo de batalla aumentaba enormemente.
Cuanto más fuerte era el oponente, más emocionado se sentía.
—¡Regresa!
Adolfo sacudió su mano ligeramente.
Como si fuera una serpiente, la espada se retiró rápidamente de entre los dedos de Pedro.
—¿Oh?
Pedro