En el ring de combate, Pedro se alzaba de pie con las manos a la espalda, exudando una presencia imponente y grandiosa. En ese momento, ya no escondía su poder; por el contrario, mostraba una fuerza abrumadora. Donde quiera que su mirada se posaba, nadie osaba mantener el contacto visual. Había derrotado a Dios Pierna con un solo movimiento, un nivel de habilidad que merecía la admiración de todos.
—Quién lo hubiera pensado, la familia Flores ha estado escondiendo a un experto —murmuró Adolfo, e