— Si no la sueltas, ¡morirás! —dijo Pedro sin inmutarse. Su mirada era tan indiferente que daba miedo.
—¿Morir?
Al escucharlo, Enzo empezó a reír a carcajadas. Sus guardaespaldas que le seguían se unieron a la burla.
Todos miraron a Pedro como si estuvieran mirando a un idiota.
—Hombre, ¿sabes quién soy? ¿Cómo te atreves a hablarme así? —dijo Enzo con diversión.
—No sé quién eres y no me importa. Suelta a la mujer en tres segundos. De lo contrario, responderás por lo que hiciste —dijo Pedro,