— ¿Por qué ha traído a tanta gente?
Jaime abrió los ojos. Se sentía asustado.
¡Maldita sea! Habían acordado pelear solo él y Enzo, pero ahora se encontraba rodeado de guardaespaldas. ¡Bellaco!
—¡Maldito! —pensó Jaime, molesto en su interior, aunque sabía que no podía echarse atrás. Por encima de todo, no podía humillarse frente a la mujer que le encantaba.
—¡Son aquellos! ¡Rodeadlos!
Enzo levantó la mano y enseguida los guardaespaldas acudieron y les rodearon.
—¿Qué está pasando? Os advier