Pedro no se había imaginado que, a pesar de llevar tres años casados, Leticia no tendría ninguna confianza en él.
¿Acaso su confianza no significaba nada en comparación con la de un extraño?
—Bueno… soy una persona despreciable y Jaime es un noble. Le he calumniado. ¿Estás satisfecha ahora? —dijo Pedro, burlándose de sí mismo.
Cuando no existía la confianza, no servían de nada las explicaciones.
—¿Y esa actitud? ¿Acaso estoy culpando a un inocente? —Leticia frunció el ceño.
—No has hecho na