—¡Detente!
Con un grito resonante.
Manuel, imponente y autoritario, irrumpió en la sala, exclamando:
—Sr. Héctor, este hombre es un desconocido; ¡no podemos arriesgar la vida de Pilar con él!
—Manuel, sé que te preocupa Pilar, pero ya no hay otra alternativa. Solo podemos dejar que lo intente.
Héctor sacudió la cabeza.
—¿Quién dice que no hay otra manera? ¿Miren a quién he traído?
Manuel hizo un gesto con la mano hacia la puerta y todos voltearon a ver.
Entró un anciano de figura corpule