—¡Suéltame!...
El Sr. Dragón se retorcía sin cesar, su rostro enrojecido hasta el punto de la asfixia.
En ese instante, no sólo estaba asombrado, sino que en lo más profundo de su ser, predominaba un terror abrumador.
Se había considerado invencible en la pequeña ciudad de Rulia gracias a su formidable fuerza.
Pero hoy, para su sorpresa, había topado con un guerrero de El poder del nacimiento.
Un joven de poco más de veinte años con El poder del nacimiento era considerado un prodigio e