En el salón de banquetes.
Al ver a Paula llegar jadeando, Leticia no pudo evitar sentirse extrañada:
—Paula, ¿no dijiste que estabas esperando a una amiga? ¿Dónde está?
—Tuvo un asunto de último momento, no pudo venir.
Paula sonrió incómoda y añadió:
—Oh, cierto prima, ¿podrías prestarme tu espejo de maquillaje? Necesito retocar mi look.
—Creí que habías traído el tuyo —dijo Leticia.
—El mío no es bueno, el tuyo es mucho mejor.
Sin más preámbulos, Paula tomó la bolsa de Leticia y emp