—Chico, ¿qué tal? Llegué justo a tiempo, ¿no?
De regreso en el coche, Félix, con una botella de vino en la mano y una pierna cruzada, disfrutaba bebiendo alegremente.
—Sin ti, ellos tampoco podrían haberme hecho nada. —Pedro se encoge de hombros.
—Vamos, ¿por qué finges delante de mí? —Félix lo examina de arriba abajo y frunce el ceño al hablar. —Utilizaste el método secreto de la familia González para forzar un avance en tu fuerza, pero el tiempo se ha acabado y estás a punto de sufrir un