—¡Viejo tonto! ¿Qué estás diciendo? ¡Tú sí que no puedes, yo soy muy fuerte!—Pedro se enfureció de inmediato.
La emoción lo invadió tanto que empezó a jadear. Con ese rostro pálido, parecía completamente agotado.
—Está bien, está bien, eres muy fuerte, lo sé, no te alteres.—Félix asintió de manera indiferente, con una expresión de quien trata de calmar a un niño.—De todas formas, este tesoro es raro de encontrar, guárdalo por si acaso.
Dicho esto, metió la botella de medicinas en el bolsil