Pilar se rió de sí misma con ironía:
—Si realmente me consideras una amiga, ¿por qué lastimaste a mi primo? ¿Por qué me secuestraste? ¿Por qué hiciste todas estas cosas?
—Yo...
Pedro se quedó sin palabras por un momento.
Ya había explicado la situación de la pelea dos veces, pero estaba claro que Pilar no le creía.
O más bien, ella ya lo había juzgado como culpable.
No importaba cómo intentara explicarse o defenderse ahora, no serviría de nada.
Una vez que la semilla de la duda está plantada, la